Black Ladies opera como un sistema visual donde la figura femenina afrodescendiente es reconfigurada fuera del marco tradicional de representación. La serie instala un espacio de contemplación en el que el rostro se vuelve símbolo, la textura se vuelve discurso y la sombra adquiere estatuto estructural. Cada obra articula una dialéctica entre presencia y ausencia: la presencia como afirmación identitaria, la ausencia como huella de historias omitidas por la narrativa dominante. El trazo no describe; construye estructuras de subjetividad que funcionan como dispositivos de memoria y proyección. Las obras se distancian de la mímesis para situarse en el intervalo entre lo figurativo y lo conceptual, donde la identidad emerge como un campo en permanente reconfiguración. En conjunto, la serie propone una epistemología visual que reconoce a la mujer negra no como objeto retratado, sino como arquitectura simbólica que redefine los límites de la mirada contemporánea.