Deconstructivo explora la fractura como método y la vulnerabilidad como arquitectura. En cada obra, el cuerpo se desarma para revelar la trama latente de gestos, signos y cicatrices que sostienen la identidad. Las figuras emergen entre capas rotas, pigmentos erosionados y fragmentos de memoria que se reordenan en nuevas constelaciones visuales. No se trata de destruir, sino de exponer el andamiaje emocional que permanece cuando toda forma ha cedido. La serie tensiona el límite entre presencia y desaparición, entre rostro y territorio simbólico, obligando a mirar la belleza áspera del despojo. En este proceso, la figura humana se convierte en un espacio donde lo íntimo se reescribe, se cuestiona y finalmente se resignifica.